jueves, febrero 25

Monólogo Descerebrado

Tres treinta y seis de la mañana, hace unos días vi una sombra extraña y aún así soy la última en acostarse, la que debe apagar todas las luces e intentar dormir con los ronquidos de la familia. Sigo molesta conmigo y con mi estúpida pose de la que nunca se enoja y claro, no es así, llegaría a azotar mi cabeza contra la pared cuando me harta la gente y sólo tiendo a callar… como siempre. Estoy esperando que el hervidor suene. Quedan pocos días para que se termine el relajo y estoy neura, que más, igual tengo ganas de entrar, ojalá de cambiar, aprender a hablar como en realidad quiero. Me carga mirarme los rollos y más me molesta que me preocupe de estas cosas ridículas, banales, pero puta… estoy gorda y me indigna, iba tan bien, por fin le había sacado provecho al dolor que me causaban los frenillos. Debo oírme ridículamente hueca comentando estas estupideces a la familia, tonta. Sonó el hervidor y tengo todas las luces prendidas del living, pero no me tomaré la taza de té, ya es muy tarde. Paso arrepintiéndome de las cosas que hago, digo o no digo, me carga, obviamente tendré que enfocarme a lo que viene y no dar marcha atrás, ojalá se convierta en alguna especie de terapia, porque no quiero ir al psicólogo, me molesta pedir ayuda. Me dio sueño, Buenas noches.